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El Obispado de San Nicolás comunicó que Rodrigo Enrique Vázquez, sacerdote de Pergamino, enfrenta un proceso administrativo penal canónico. El trámite se inició el 7 de agosto de 2023 y la etapa diocesana concluyó este 2 de junio.
Desde entonces, el expediente fue remitido al Dicasterio para el Clero, en Ciudad del Vaticano, que deberá resolver la situación definitiva del párroco, según informa hoy el diario El Norte. El comunicado oficial lleva la firma de monseñor Hugo Norberto Santiago, obispo de San Nicolás, y confirma que la causa ya se encuentra en manos de la Santa Sede.
Vázquez, de 53 años, fue denunciado por violencia de género por una mujer de 46 años con la que habría mantenido una relación sentimental. A nivel judicial, la causa se encuentra en la Unidad Funcional de Instrucción y Juicio N° 4 de Pergamino. En ese marco, a comienzos de junio la Policía allanó la casa parroquial del barrio Santa Julia, donde el sacerdote residía. Allí halló dos pistolas calibre 9 milímetros, un revólver calibre 22 y cerca de 200 municiones. Por ese motivo, se le notificó la formación de una causa por “tenencia ilegal de arma de guerra”.
El Obispado de San Nicolás aclaró que, paralelamente a la investigación judicial, se dispuso un proceso canónico en su contra. Concluida la fase diocesana, ahora será el Dicasterio para el Clero el que deberá dictar una resolución final sobre la situación del sacerdote, siempre de acuerdo con El Norte.
De esta manera, el caso que involucra al párroco avanza en dos carriles: la Justicia ordinaria, que investiga las denuncias por violencia y armas, y la justicia eclesiástica, que ya elevó el expediente al Vaticano.
Otra sanción para el cura Rodrigo Vázquez
Rodrigo Vázquez ya había sido sancionado en 2023. Fue luego de difundir mensajes en los que acusaba al actual arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge García Cuerva, de apoyar el terrorismo y le atribuía una orientación sexual. Los audios, enviados por WhatsApp, se viralizaron y provocaron la reacción inmediata de la diócesis.
En aquel momento, el sacerdote debió retractarse y pedir perdón, y fue sancionado con una reprensión y una penitencia canónica: un retiro espiritual de quince días en el monasterio benedictino de Luján, con la advertencia de que, en caso de reincidencia, podría enfrentar penas más graves. Entre ellas incluida la suspensión de su ministerio.
FUENTE (DIB)


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